Algo más acerca de los estudios sobre el metalenguaje

Publicado: julho 3, 2013 em Linguística Textual
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Algo más acerca de los estudios sobre el metalenguaje

scielo

De la función metalingüística al metalenguaje: Los estudios sobre el metalenguaje en la lingüística actual
From metalinguistic function to metalanguage: Studies of metalanguage in current linguistics

Óscar Loureda

Universidad de Heidelberg
Alemania

Dirección para correspondencia


RESUMEN

En este trabajo llevo a cabo un breve recorrido por los hechos metalingüísticos que constituyen un complemento actual de aquella orientación primera de los estudios que tiene su base en los conocidos trabajos de Jakobson. Se trata de manifestaciones de la dimensión reflexiva del lenguaje que: a) o ‘hablan del’ lenguaje (discursos sobre el lenguaje); b) o presentan distinciones en el ámbito ‘real’ del lenguaje (léxico, fraseología, etc.); c) o son trozos de lenguaje presentados en el texto sobre los que se habla (uso metalingüístico); d) o son signos lingüísticos que para ser comprendidos por completo explícitamente necesitan la ‘objetivación’ de otros signos (enunciados-eco). Además de mostrar una tipología de los hechos, propongo una clasificación funcional dentro de una teoría del lenguaje ‘realista’.

Palabras Clave: Metalenguaje, metadiscurso, reflexividad del lenguaje.


ABSTRACT

In this article I will draw a short overview over the metalinguistic facts that form a complement to Jakobson’s early works. It will deal with the manifestations of the reflexive dimension of language, which a) either ‘speak about’ language (discourse about language); b) or present distinctions on the ‘real’ level of language (lexicon, phraseology etc.); c) are pieces of language represented in texts that are spoken about (metalinguistic use); d) or are linguistic signs that in order to be understood completely and explicitly need the ‘objectivation of other signs (eco utterances). Apart from presenting a typology of the facts, I will propose a functional classification within a ‘realistic’ language theory.

Key Words: Metalanguage, metadiscourse, language reflexivity.


INTRODUCCIÓN

Con una rápida revisión de la bibliografía podemos advertir que el conjunto de hechos que se consideran bajo el concepto de ‘metalenguaje’ es ya, lejos de la relativa homogeneidad inicial, notablemente plural. Se someten a examen, por ejemplo, refranes y dichos que predican algo del lenguaje o del hablar, como ‘Donde dije digo, digo Diego, ‘Al pan, pan, y al vino, vino’ o ‘A buen entendedor, pocas palabras bastan’; también se considera otro tipo de discurso, no histórico o no tradicional, como ‘Ese quizás me sonó a un no‘ o Sócrates es un nombre, bien en lo que concierne a las propiedades semióticas de las unidades ‘mencionadas’, bien en lo que concierne a la predicación misma (= al comentario propiamente dicho), como en el análisis (‘metapragmático’, se dice) que implica la famosa frase de Voltaire: “Cuando un diplomático dice un ‘sí’ quiere decir un ‘quizás’, cuando dice un ‘quizás’ quiere decir un ‘no’, y si dice un ‘no’ no es un diplomático”; o en la identificación/interpretación de los valores que conlleva la célebre anécdota del rey Carlos V, quien una vez declaró que él hablaba en español con Dios, en italiano con los hombres, en francés con las mujeres y en alemán (probablemente, en flamenco) con los caballos.

Se habla de ‘metalenguaje’ también en el ámbito del léxico, para referirse a numerosos términos con que las lenguas distinguen formas de hablar, como ‘mentir’, ‘acusar’, ‘susurrar’, ‘declarar’, ‘decir’ o ‘conversar’; cualidades de las personas en tanto que hablantes, como ‘locuaz’, ‘badulaque’ o ‘bienhablado’, o de los discursos como tales, por ejemplo, ‘lapidario’, ‘conciso’, ‘escueto’ o ‘sucinto’; o modos de presentarse los textos, como ‘explicación’, ‘charla’, ‘comentario’, ‘conversación’, ‘noticia’, ‘justificación’, ‘diálogo’, ‘discusión’, ‘carta’, etcétera.

Referencias a lo metalingüístico se hallan, asimismo, en estudios sobre el ‘discurso repetido’ (Coseriu, 1981), en concreto en estudios sobre aquel discurso repetido que no puede reducirse a textos, sino a unidades de nivel inferior, esto es, en unidades fraseológicas equivalentes a sintagmas e incluso a palabras Coseriu (2007) (véase también la Nota 1):

“hablar como un papagayo, hablar como un descosido, hablar por los codos, hablar más que un sacamuelas; hablar en plata; hablar/decir en cristiano, hablar uno en romance, hablar en román paladino; hablar cara a cara, decir a los cuatro vientos, decir(se)lo (incluso) al lucero del alba, decir para sí, decir entre nosotros” (Coseriu, 2007: 112).

Más aún, a la investigación gramatical, además de las estructuras metalingüísticas que se emplean en el nivel (sub)oracional, le resultan interesantes los procedimientos regulados específicamente por cada idioma que operan en el nivel del texto. Y además de hacer explícita la gramática del uso metalingüístico, resulta particularmente importante dar cuenta de sus empleos y motivaciones en el hablar corriente (Vigara, 1992). Muchas veces, en efecto, se emplean los signos relacionándolos conscientemente con otros signos, de la propia lengua o de otra, o con otros textos o fragmentos de textos más o menos conocidos: creamos, en una palabra, ‘evocaciones.’ En los chistes este recurso metalingüístico sirve para generar desenlaces cómicos, por ejemplo en ‘¿Cómo se llama el director de una clínica japonesa? Dr. Sekuro Ketekura’. ‘¿Y el jefe de urgencias de esa misma clínica? Dr. Takurado Yamimo’. En estos casos, en la configuración de los signos se imita la forma sonora de los significantes del japonés, o más bien lo que culturalmente se interpreta como la forma sonora del japonés. Análogos procesos se desencadenan en la modificación de frases hechas, en la publicidad, como en ‘No compre sin Thom ni Son (por sin ton ni son)’ o en ‘Familia Philips, familia feliz’; o también en traducciones literales, como en ‘Las aves del César murieron por falta de salud’, traducción de ‘Ave Cesar morituri te salutant’, feliz, por ejemplo, desde el punto vista de un chiste.

Existe, finalmente, y por ahora sin ánimo de ser exhaustivo, distintos hechos y procedimientos propiamente ‘metadiscursivos’. Los denomino de este modo porque solo caben en el nivel del discurso (= en el texto o en el hablar) y porque exigen, tanto en la fase de construcción como en la de interpretación, la puesta en marcha de una conciencia lingüística reflexiva (Lucy, 1993). Me refiero, por ejemplo, a la atenuación y a la intensificación del decir y de lo dicho -nótese la diferencia entre ‘Lee este trabajo mío y dime qué te parece’ y ‘Soy un pesado, ya sé, pero si pudieras, y digo solo si pudieras, leerme este trabajito y decirme qué te parece’-, o a los tipos de intertextualidad, como la cita o la ironía- enunciados-eco, como la ironía: cuando en la película ‘El padrino’ el protagonista dice: “Mi padre fue la segunda vez con Luca Brasi y le hizo una oferta que no pudo rechazar”, todos entendimos el enunciado irónico… y con ello, de qué clase de ‘oferta’ se trataba. De todos los hechos y procedimientos metadiscursivos se ocupa la pragmática, o la ‘lingüística del texto’, pues tienen lugar en el hablar, aunque en cierta medida pueden estar determinados por la gramática textual de cada idioma1.

Por lo tanto, se ha producido una extensión en los estudios sobre el metalenguaje. Una extensión doble, incluso: cuantitativa y cualitativa. Los tratados que inauguran el estudio de lo metalingüístico enseñan que en el hablar sobre la realidad y en el hablar sobre el lenguaje los signos se emplean de distinta manera. La lógica escolástica medieval estableció la distinción entre significatio, el concepto, y suppositio, el modo en que los nombres hacen referencia a las cosas y agregó a la lógica de Aristóteles, y de sus famosos continuadores Porfirio y Boecio, un nuevo capítulo, de terminorum proprietatibus, o de las propiedades de las palabras. La doctrina de la suppositio empleó este término para denotar los varios modos regulares en que un nombre puede usarse para denotar objetos diferentes (Urban, 1952). Los modos en que un signo se aplica a las cosas deslindan ante todo lo que pertenece al lenguaje de lo que no (San Agustín, De Magistro, 1970). A estas modalidades de referencia Shyreswood (1937) las denomina, respectivamente, suppositio materialis y suppositio formalis:

“Est igitur suppositio quaedam materialis, quaedam formalis. Et dicitur materialis, quando ipsa dictio supponit vel pro ipsa voce absolute vel pro ipsa dictione composita ex voce et significatione, ut si dicamus: homo est dissillabum, homo est nomen. Formalis est, quando dictio supponit suum significatum” (San Agustin, 1970: IV, 7-8).

La lógica neopositivista del Círculo de Viena recupera estas distinciones porque las necesita para construir un lenguaje de orden superior y formalizado que fundamente y sea capaz de interpretar el valor de verdad de las proposiciones del lenguaje científico:

“We have to use two different languages in discussing the problem of the definition of truth and, more generally, any problem in the field of semantics. The first of these languages is the language which is ‘talked about’ and which is the subject matter of the whole discussion; the definition of truth we are seeking applies to the sentences of this language. The second is the language in which we ‘talk about’ the first language, and in terms of which we wish, in particular, to construct the definition of truth for the first language” (Tarski, 1944: 349)2.

Aunque fue Hjelmslev (1971), en sus ‘Prolegómenos a una teoría del lenguaje’, quien transvasó a la lingüística el término ‘metalenguaje’ (o como él prefiere, ‘metasemiótica’), la expresión ‘función metalingüística’ o ‘glosadora’ procede de los trabajos de Jakobson (1984) que toma el concepto de la lógica, pero lo extiende y supera. Por una parte, concibe el metalenguaje en relación con las funciones o dimensiones del lenguaje3: “Cuando el destinador y/o el destinatario quieren confirmar que están usando el mismo código, el discurso se centra en el código: entonces realiza una función metalingüística” (Jakobson, 1984: 357); y, por otra, no cree que se trate solamente de una herramienta ‘científica’ (del lenguaje de lógicos o lingüistas) y ‘formalizada’ (= artificial) para la descripción del lenguaje-objeto: “También juega un papel importante en el lenguaje de todos los días”. En síntesis, la principal contribución de Jakobson (1984) reside en la interpretación del ‘lenguaje descriptivo’ de la lingüística como un metalenguaje4 y, sobre todo, en el reconocimiento de la presencia de operaciones metalingüísticas en el llamado lenguaje ‘natural’ como un recurso de los hablantes para objetivar (= para transformar en objeto del decir) los signos.

Después de Jakobson (1984), y sobre todo después del trabajo de Rey-Debove (1997), la lingüística abandonó en buena medida la idea de que el metalenguaje constituye un lenguaje formalizado; de hecho ‘juega un papel importante en el lenguaje de todos los días’5. Desde entonces ha desarrollado, por un lado, la investigación en campos ya explorados desde el punto de vista de la lógica, como son la organización del modo de hablar sobre lo lingüístico (esto es, las relaciones entre el lenguaje primario y metalenguaje) y las propiedades de los signos sobre los que se predica algo (= los signos ‘mencionados’, ‘autónimos’ o ‘usados metalingüísticamente’)6, y, por otro lado, ha puesto de relieve otras manifestaciones de lo metalingüístico que confirman la importancia de la dimensión reflexiva del lenguaje7.

En este trabajo realizo una breve revisión de hechos metalingüísticos que constituyen un complemento de esa orientación inicial de los estudios. Se trata de manifestaciones del metalenguaje o de la dimensión reflexiva del lenguaje (‘lenguaje en el lenguaje’ o ‘lenguaje sobre el lenguaje’): a) o ‘hablan del’ lenguaje (discursos sobre el lenguaje), b) o presentan distinciones en el ámbito ‘real’ del lenguaje (léxico, fraseología, etc.), c) o son trozos de lenguaje presentados en el texto sobre los que se habla (uso metalingüístico), d) o son signos lingüísticos que para ser comprendidos por completo explícitamente necesitan la ‘objetivación’ de otros signos (enunciados-eco). Además de mostrar una rápida tipología de los hechos (muy sintética, eso sí) intentaré proponer su clasificación funcional en una teoría del lenguaje realista. Esta teoría del lenguaje es de Coseriu (1973). Una de las más difundidas distinciones Coseriu, basada en planteamientos clásicos, separa tres niveles en el hablar: el ‘universal’, el ‘histórico’ y el ‘individual’. En su ‘Competencia lingüística’ (Coseriu, 1992) explica que el lenguaje nace de una capacidad general del hombre para expresarse; reconoce, además, que se acompaña, a veces, de una actividad gestual que incide en el contenido de lo que se expresa; e indica, asimismo, que presenta una dimensión puramente biológica. Pero, subraya, ninguno de los tres planos anteriores aporta la verdadera y esencial dimensión del hablar: también en los animales se aprecia cierta capacidad de expresión, hábitos gestuales y una disposición psíquico-física para producir y captar mensajes. El lenguaje (casi huelga decirlo, humano) es cualitativamente diferente por su dimensión cultural. Coseriu (1992: 86) lo define en este sentido como:

“una actividad humana universal que es realizada individualmente en situaciones determinadas por hablantes individuales como representantes de comunidades lingüísticas con tradiciones comunitarias del saber hablar”.

Por lo tanto, el hablar es una actividad ‘universal’, común a todos los hombres; también es ‘histórica’, pues quien habla emplea, por lo menos, una lengua; y es ‘individual’ porque habla un individuo (también en el diálogo, alternativamente) y porque tiene lugar en un ‘entorno’ determinado. En cada uno de estos niveles existe una manifestación de lo metalingüístico.

NOTAS

1 Las lenguas pueden tener procedimientos específicos (= una gramática) para la inserción e identificación en el hablar de tales hechos. En este sentido, partiendo de los niveles del lenguaje -universal, histórico, individual-, Coseriu (2007) distingue dos conceptos de texto: el texto como nivel autónomo de lo lingüístico y el texto como nivel de estructuración idiomática superior a la oración. Esta distinción funcional, añade, exige dos disciplinas distintas: una lingüística del nivel histórico, la gramática del texto, que estudie los procedimientos estrictamente idiomáticos para la construcción de los textos y una disciplina del nivel individual, una lingüística del texto capaz de revelar y justificar el sentido de todos los discursos. Coseriu (2007) entiende, pues, que la lingüística del texto no coincide en absoluto con la sintaxis que va más allá de la oración, nacida para describir tres tipos de hechos: los que pueden extenderse a lo largo de varias oraciones (como las citas o las enumeraciones), los que son característicos de una determinada clase de texto (como la elipsis en los telegramas o en los SMS) y los que funcionan en la oración pero apuntan más allá de sus límites (como los mecanismos de cohesión).

2 Como dice Lara (2001: 98), “un ‘metalenguaje’ es, para los lógicos que siguen a Hilbert y a Tarski, un lenguaje cuya única finalidad y función es fundamentar el valor de verdad de las proposiciones que se hagan con un determinado ‘lenguaje-objeto’, sea este la matemática (Hilbert) o cualquier otro lenguaje científico (Tarski & Carnap); en segundo lugar, el ‘metalenguaje’ es una construcción controlada que define lo que puede tener sentido en el ‘lenguaje-objeto’ y las reglas con que se pueden producir proposiciones con sentido en él; en tercero, un ‘metalenguaje’ es ‘esencialmente más rico’ que su ‘lenguaje-objeto’, por cuanto contiene variables de un tipo lógico superior al de las variables de este”.

3 Unas funciones del lenguaje que, por lo demás, se presentan como una extensión del modelo de órganon de Bühler (1967).

4 Sobre la idoneidad (o según el autor, sobre la falta de idoneidad) del adjetivo ‘metalingüístico’ aplicado al hablar sobre el lenguaje, en tanto que lenguaje de observación y descripción. Véase Lara (2001).

5 Sin embargo, continúa la discusión sobre cómo se construye el lenguaje de descripción (= secundario, convencional) de la lingüística o de disciplinas dependientes de la lingüística, como la lexicografía (por ejemplo, en Lara, 2001) o la gramática, pues constituyen ‘metalenguajes’ o modos de hablar científicos.

6 Carnap (1934) llamó ‘autónimos’ a los signos que se designan a sí mismos, opuestos a aquellos signos que designan las cosas (‘heterónimos’). Quine (1968), desde el punto de vista lógico, introdujo la oposición entre ‘uso’ y ‘mención’ (‘signos usados/signos mencionados’).

7 Sigo mi exposición en Loureda (2001).

Continuar leyendo en la Revista signos, 2009, 42(71), 317-332.

 

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